Sociedad Civil

Muévete Seguro: La vida no vale nada 

#SociedadCivil
La vida de los mexicanos no vale nada, sigue prevaleciendo la economía y los intereses de las industrias por encima del bienestar humano

 

 

Rosario Hernández Gallegos / @RescatadoresMx @Rosariohg3  
rosario@refleacciona.org

 

Bien nos decía, el compositor mexicano José Alfredo Jiménez que “la vida no vale nada”, al parecer menos la de los mexicanos, de acuerdo con las grandes industrias, en las siguientes líneas podrá darse cuenta de ello.

 

El modo en que el mundo interactúa y funciona se vio modificado con la adopción del sistema neoliberal, en conjunto con el acelerado desarrollo de la globalización, en donde todo está regulado bajo el funcionamiento del mercado; con el supuesto de que el gobierno puede interferir cuando es necesario solventar al mercado. 

 

A partir de ello, surgieron modificaciones claras en los estilos de vida de las personas; el cambio de vivienda a las ciudades trajo como consecuencia que las personas disminuyeran o dejaran de comer productos naturales y tradicionales por comida rápida- procesada, esto debido al incremento de la introducción en el mercado nacional de empresas de alimentos y bebidas multinacionales, el abaratamiento de la comida procesada, el aumento de tiempo en jornadas laborales, la sobresaturación de mensajes provenientes de las  estrategias publicitarias de grandes empresas sobre estilos de vida no saludables. Además, el desarrollo tecnológico, la sobrepoblación de las urbes en conjunto con el ritmo acelerado de vida, el incremento de la inseguridad, la disminución de espacios públicos al aire libre, los traslados del trabajo o escuela hacia la casa se hacen cada vez más largos y con ello el fomento del uso excesivo de los vehículos automotores que ha ocasionado daño en el medio ambiente; todo ello ha provocado la degradación del bienestar del ser humano, en algunas partes del mundo se acentúa la afectación, a pesar de que con el cambio de sistema económico globalizado, también se impulsaron los derechos y el concepto de “humano”, pero se ha privilegiado y dado poder a las grandes industrias con el argumento de que sostienen la economía del país, limitando la acción pública a favor de la población.

 

Vamos a la evidencia, el impacto de algunos determinantes antes expuestos comenzó a tener impacto desde hace 30 años, cuando el número de personas obesas y con sobrepeso se disparó en México. Si ante este problema no se tomaban medidas se pronosticaba que el costo en salud sería $7 mil millones de dólares en el 2017.  Poniendo en contexto la grave situación, de acuerdo con UNICEF, México ocupaba el 1er lugar en obesidad infantil; mientras que datos de la Organización Mundial de la Salud coloca al país en el número 1 de obesidad en mujeres. Aunque el gobierno mexicano intentó actuar ante este eminente problema, en algunas ocasiones, tuvo que detener sus planes debido a la influencia de la industria de alimentos y bebidas. Para entender un poco, el consumo de las bebidas azucaradas y la llamada comida chatarra, primero veremos algunos datos; la industria del refresco en México está concentrada en 3 grandes compañías: Femsa México, Grupo Danone y Grupo Pepsico, representando el 61% de las ventas totales en el país; pero no sólo se concentran en la venta de este tipo de bebidas, además venden agua embotellada, golosinas, frituras y bebidas energéticas.  No se tienen datos públicos de cuánto gasta la industria en lobbying en México, pero se sabe que entre 2009 y el 2015 se gastaron $11.6 millones en Estados Unidos para contrarrestar medidas de este tipo, por lo que se estima que la cantidad puede ser algo similar en nuestro país. En octubre de 2015, el cabildeo de la industria refresquera casi tiene un efecto favorable para ellos, al aprobarse en la Cámara de Origen (Diputados), una iniciativa que proponía reducir el IEPS a las bebidas azucaradas a la mitad, medida que recién se había puesto en marcha a pesar de que la industria manifestara argumentos como la pérdida de empleos, un impacto negativo para la industria azucarera mexicana y para las tiendas de abarrotes,  además del declive de la economía por esta decisión. La medida fue un avance en el país; no obstante, debido al descontento de la industria, a pesar de la pandemia de obesidad, el gobierno mexicano prefirió no implementar más medidas de prevención y combate de este problema, como el etiquetado de alimentos y bebidas, que tuvo que esperar a un cambio en la administración, para evitar que el descontento por parte de la industria se agudizara. En cambio, en mercados como el europeo, el precio de las bebidas azucaradas es elevado como una manera de desincentivar su consumo, la venta de este tipo de alimentos y bebidas son en presentaciones pequeñas por una regulación, además hay políticas sobre la promoción y publicidad para los infantes, impactando a las mismas compañías presentes en México. En Londres, desde hace varios años, era en forma de semáforo para que los consumidores compren de forma informada.

 

Por otra parte, en la investigación realizada por la organización Ethos Laboratorio de políticas públicas “Tabacaleras aplican ‘Jugada maestra ‘para poner en jaque a los impuestos al cigarro” también evidencia la interferencia del cabildeo y la gran cantidad de recursos que la industria tabacalera destina para defender sus intereses sobre el bienestar de los mexicanos. Una de las estrategias es tener “aliados” dentro del círculo de tomadores de decisiones, para interferir en políticas que promueven estilos de vida saludable, una de las mala prácticas es el de hacer investigaciones a modo que demuestran supuestos beneficios de sus productos. Los argumentos del empleo usados por la industria de alimentos y bebidas, son usados también por la industria tabacalera en este tipo de políticas.

 

En el caso de la industria automotriz, pasa algo muy similar, sus argumentos para no ofertar autos más seguros como lo hace en el mercado europeo o americano es que los mercados son diferentes e interfiere en los procesos de regulación para que las normativas no sean los suficientemente rígidas para salvar vidas. Y es que acaso, ¿nuestra vida no vale nada? ¿no también somos seres humanos con derechos?, ¿no merecemos ser protegidos?

En los casos de muerte o de lesiones que resultan en incapacidades, la obligación del daño se debe cumplir mediante una indemnización, es decir, se debe de pagar la estimación del valor de la vida, por daños y perjuicios, que de acuerdo con el Código Civil Federal (anterior a la reforma del 2012 a la Ley Federal del Trabajo), el valor de la vida de un mexicano se estimaba en $689 mil 937.60 pesos. Mientras, que el Valor Económico de una Vida Humana (VEVH) cuando nace es de $ 2 millones de euros, y la de un norteamericano es de $5 millones de dólares, de acuerdo con Francisco Canos. Pero el dolor de los familiares al perder a un familiar a causa de un siniestro de tránsito y la vida en sí misma de cada uno de nosotros es invaluable, todos merecemos ser protegidos de la misma manera sin importar nuestra ubicación geográfica.

 

Además, usan como escudo protector su aportación al PIB del 3.8% y los “miles de empleos” que genera para la población mexicana. Pero se olvidan y el gobierno omite que, de acuerdo con estimaciones del IMCO, en 2018, en su conjunto, los siniestros viales en México tuvieron un costo total de entre $174 mil millones y $204 mil millones de pesos, mucho dinero  pero sobre todo 16 mil vidas perdidas por esta causa, datos que deben de empujar a los tomadores de decisiones a ser firmes en las medidas para que los autos que se venden en México sean más seguros, desde su versión básica, y, que dejemos de ser un mercado en el que la seguridad se comercialice como un artículo de lujo, en comparación con otros países como Japón, la India, Europa, Estados y Canadá, en donde, la industria ha tenido que introducir los dispositivos de seguridad esenciales que han demostrado salvar vidas, a través de sus regulaciones. Ya hay un derecho constitucional a la movilidad, ésta debe caracterizarse por ser segura.

 

De acuerdo con la Declaración de Brasilia sobre seguridad vehicular, así como la Asamblea de la ONU de 2016, sobre seguridad vehicular, se reconoce que la mayoría de los accidentes vehiculares suceden en países como México, en los cuales, las poblaciones son mucho más vulnerables por sus condiciones socio-económicas. Por lo tanto, es necesario garantizar un nivel de protección mayor en aquellos países con poblaciones más vulnerables, por lo que, los estándares de seguridad vehicular deberían ser mayores en estas circunstancias, el bienestar de las personas se traduce en mayor bienestar económico, y no los intereses de unos cuantos sobre la vida muchos.

 

El coraje ante esta situación ventajosa por parte de la industria automotriz aumenta cuando se ponen ejemplos, como los siguientes: utilizando datos de NCAP, el Nissan Versa (modelo anterior al actual), que era producido en México tanto para el mercado nacional como para Estados Unidos, difería en ambos mercados, el modelo que se vendía en México sólo contaba con dos bolsas de aire delanteras; en contraste, en Estados Unidos, el mismo vehículo en su versión básica, contaba con 6 bolsas de aire y Control Electrónico de Estabilidad (ESC). Pero esto no se trata de marcas sino de mercados, el Toyota Corolla 2017, se fabricaba en Estados Unidos para consumo local y para exportación a México, el que se comercializaba en el país vecino del norte tenía 7 bolsa de aire y ESC; en cambio, el que se importaba a México sólo tenía 3 bolsas de aire; uno más, el Chevrolet  Nuevo Aveo 2018, tenía bolsas de aire frontales de baja calidad en el vehículo que se vendía en nuestro país, pero el que se ofrecía en Europa contaba con bolsas de aire laterales y de cabeza, además de las frontales.

 

Muchas veces la industria nos vende lo que quiere porque no estamos informados, pero ¡basta de eso! Necesitamos exigir que las autoridades velen por nuestro bienestar y que la industria nos venda autos más seguros, bien dicen por ahí que el que manda paga, así debería de ser. La vida para la industria no vale nada, pero para nosotros como consumidores y como seres humanos es invaluable.

 

La seguridad no es un lujo, es un derecho #MuéveteSeguro.

#InPerfecto 

 

 

  1. Rivera, Juan. (2015). La Obesidad en México. UNAM.

  2. Latin NCAP. Evaluaciones de autos. Recuperado de: https://www.latinncap.com/

  3. Martínez, D. (27 de octubre de 2015). El poder de las refresqueras en México tirará impuesto modelo para el mundo, dicen NYT y ONGs. Recuperado de Sin embargo: http://www.sinembargo.mx/27-102015/1532416 

  4. Canos, F. (12 de abril de 2020). ¿Cuánto vale una vida humana? Recuperado de: https://www.diarioabierto.es/495039/cuanto-vale-una-vida-humana

  5. IMCO. (19 de marzo de 2021). Beneficios de los sistemas de seguridad en los automóviles. Recuperado de: https://imco.org.mx/beneficios-de-los-sistemas-de-seguridad-en-los-automoviles/