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“Mejor…imposible”, breve mirada a nuestra humanidad

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¿Qué tan preparado está el mundo para comprender y apoyar a las personas con trastornos mentales? 

 

 

Eric Nisadó / @ericnisado
nisadobenitez@gmail.com

 “Mejor…imposible” dirige la mirada hacia la vida de un hombre mayor con trastorno obsesivo compulsivo: Melvin Udall (interpretado por Jack Nicholson), quien ha de hacernos entender o cuestionar la situación tan compleja que representa vivir en una condición como esa. La vida nunca ha de significar lo mismo para todos quienes la viven; entre nosotros hay diferencias bastas que van desde factores sociales, culturales, políticos, psicológicos y biológicos. La oportunidad de asomar la mirada a un contexto totalmente diferente al nuestro, aún por un corto tiempo, es un tesoro característico del cine y del arte en general que debemos aprovechar siempre. 

Para iniciar quiero invitarte a ti, lector, a recordar tu rutina desde el momento en que te despiertas hasta en el que cierras tus ojos para ir a dormir, ¿qué haces en el día?, ¿en las noches?, ¿tienes pasatiempos?, ¿dónde resides?, ¿qué te da ánimos para seguir adelante? Imagina que todo eso que has pensado cambia a un contexto en el que no tienes el mínimo control sobre tus acciones y reacciones, en el que las personas que te rodean no son capaces de convivir contigo por tu forma de ser, un contexto en el cual pareces sobrar, estorbar. Estoy casi convencido de que aquella descripción apenas ilustra la realidad tan distinta que significa padecer un trastorno mental, por ello aplaudo a la película por atreverse a mostrar desde lo incómodo, lo injusto, lo impotente y lo real de un caso así. 

Melvin es un hombre desagradable al que muy probablemente no le daríamos una oportunidad si nos topásemos con él, me atrevo a asegurar que en efecto hemos convivido con alguien de actitudes similares y nuestra reacción obvia ha sido el rechazo inmediato, pues ¿quién podría tener paciencia ante semejante forma de expresarse? Como humanidad, hemos aprendido y perfeccionado el hábito de la hipocresía más pura al momento de convivir en público; somos excelentes juzgando en silencio y reprimiendo pensamientos que cuando alguien carente de esos filtros se presenta realmente sincero nos produce un shock tremendo. Cada vez que Melvin se expresaba en el restaurante lo hacía de esa forma, sin barrera alguna que detuviera su pensar tan peculiar. ¿Es justo concebir al paciente como un completo irrespetuoso? En definitiva no; se nos muestra la importante diferencia entre un simple ignorante que gusta de insultar y una persona que por su padecimiento lucha por relacionarse lo mejor posible en un entorno que no está adaptado a él. 

Se nos ha querido enseñar la tolerancia, la resiliencia, la asertividad y la inteligencia emocional como herramientas vitales para nuestro entendimiento y apto desarrollo en sociedad, pero ¿qué ocurre con lo que no se nos enseña?, no existe un espacio en la educación que nos instruya sobre cómo comportarnos en presencia de personas con trastornos mentales ni tampoco se nos educa para entender que dichas condiciones psicológicas significan aún más distancia entre las formas de socialización. Es decir; quizá gran parte de nuestra desinformación puede surgir en los estereotipos que rodean a la “tolerancia”, esa que pinta a las personas con trastornos como gente peligrosa e incapaz de generar una autonomía funcional. Es vital comprender que la salud mental ajena, al igual que muchos otros aspectos relacionados con la otredad, representa un espacio de carácter personal que no podemos juzgar, invadir, cuestionar ni criticar pensando que nuestra situación es perfecta o ideal. Todos en este planeta intentamos comprender, a nuestro ritmo y con nuestras formas, el basto mundo que yace en nuestro interior. Por lo que posicionarse en una postura tan egoísta y limitada como lo es “yo soy normal, ellos no”, refleja que aún hay bastante trabajo pendiente. 

Ningún ser humano es completamente blanco o negro, somos tan complejos y bastos que incluso los llamados “sanos” representan las peores facetas de un ser humano. El afecto, la atención y la paciencia son vitales para un proceso de recuperación independientemente de la situación que se viva; fue el cariño y la paciencia de Carol lo que motivó a Melvin a seguir medicándose y a tratar su trastorno, para finalmente demostrarnos que quizá solo necesitaba un impulso pues su voluntad de cambiar estuvo ahí todo ese tiempo. Debemos recordar lo indispensable que resulta atender nuestro interior, la rutina puede ser tan agotadora y absorbente al punto de transformarse en el total de nuestro pensamiento y existir; corremos el riesgo de volvernos una Carol, obsesionándonos con el estrés y la velocidad de la rutina al punto de abandonar nuestro bienestar.

Algunas veces resulta fácil desorientarnos entre la inmensa diversidad que existe entre nosotros, es muy cómodo pensar, sentir y entender desde nuestro lugar en el mundo las distintas situaciones que experimentamos. Por ello cuando vemos desde otros ojos y pensamos desde otros lugares, se reconfigura nuestra visión, actuar y sentir. Es urgente que comencemos a ver y a tratar a los demás como algo más que simples personas decorando la habitación en la que estamos, es urgente empatizar con los demás y respetar nuestras diferencias. Así como el humano daña y lastima, también es capaz de hacer cosas maravillosas por los otros y dar ese impulso que marca la diferencia.

 

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