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La belleza necesaria de la soledad

#InPerfecciones
Me gusta pensar la mente como un espiral infinito, que deja de funcionar si corre hacia dentro o hacia afuera, pues su condición original es ir hacia ambos lados.  

 

 

Manuel E. Herrera Flores / @manumataum
editorial@inperfecto.com.mx

 

En el mundo social, donde la humanidad se ha desenvuelto desde que se presume civilizada, suele desdeñarse la soledad al considerarse la antítesis de lo social. De ahí que se use el término “antisocial” de manera peyorativa o con un juicio de valor intrínseco e indisociable al uso de la palabra.

 

Hanna Arendt, en sus trabajos sobre la condición humana y la política, revisa la tradición del pensamiento en occidente y subraya la importancia que mencionaba Platón, a través de la voz fantasmal de Sócrates, de hacer el ejercicio de dialogar con nuestra voz interior. 

 

Y es interesante pensarlo, a veces estamos tan conectados con nuestro entorno social que llegamos a ignorar nuestra voz interior. Dejamos pasar de largo nuestros pensamientos y reflexiones en aras de sumarnos al caudal de la inmediatez y lo efímero, haciendo cada vez más escasos esos ratos en soledad. 

 

Es necesario, para toda persona, guardar esos tesoros momentáneos. Pues, a veces, sólo en soledad es posible terminar de condensar tantos estímulos del día a día que se vuelven un torbellino en la psique. No es ningún secreto que necesitamos tiempo para entender las cosas que sentimos, las cosas que pensamos y lo que pensamos sobre lo que sentimos para concluir en algún aprendizaje o enseñanza. 

 

Creo que los últimos 5 minutos del día, ese último ratito de consciencia, antes de dormir es lo que determina si aprendimos algo o sólo dejamos pasar un día menos. Y ojo con la diferencia entre un día más y un día menos: Si aprendí algo, rectifiqué algún error e hice que mi día fuera fructífero transformando algo de mi persona, entonces fue un día más de experiencia. Un día a la vez y poco a poco. Pero si no me di el tiempo de pensar y de sentir, si me quité esos 5 minutos de platica conmigo mismo, si no pude evaluar mi actuar, entonces no aprendí y fue un día menos.

 

Pero, como todo en la vida, se debe tener en consideración el equilibrio necesario para que todo ocurra de la mejor manera. Es pertinente seguir recibiendo retroalimentación de otras personas, coleccionar vivencias y conflictos, para contrastar lo sabido con lo desconocido y lograr las rectificaciones y correcciones utilitarias. 

 

Me gusta pensar la mente como un espiral infinito, que deja de funcionar si corre hacia dentro o hacia afuera, pues su condición original es ir hacia ambos lados.  Así, si uno pasa demasiado tiempo consigo mismo, se encierra en la espiral que corre al interior de la propia persona. Y salir de ese universo autorreferencial puede ser muy difícil. Por otra parte, si se monta en el espiral que corre hacia afuera, se perderá de la exploración personal y jamás llegará a conocerse realmente. 

 

Es necesario el autoconocimiento para vivir en sociedad y no ser un problema para otros ni para uno mismo. De ahí la belleza de la soledad, para pelearse y reconciliarse con uno mismo. Entender como funcionamos ante ciertos estímulos y entender como deberíamos actuar en consecuencia de ello. Que el mayor triunfo personal sea que, simultáneamente, seas uno quien mejor te trata y que también sea uno quien peor se trata. 

 

Eso quiere decir que no aceptas que nadie te trate peor que tú mismo, así marcas el límite de lo que estás dispuesto a tolerar. Y que jamás dejes de lado tu amor propio, siendo quien mejor te trata y siempre procurando esos minutos en soledad para ti, contigo mismo. De ahí la importancia de la soledad, para conocerte, saber quién eres y volverte quien quieres ser.

 

#InPerfecto 

 

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