Editorial

La caja de Pandora.

#InPerfecciones
Todos tenemos una caja de Pandora y quizás no es tan mala como pensamos. 

 

Georgina Valez / @gini_friski
gvt3377@outlook.es 

 

Mi intención no es precisamente explicar quién es Pandora, ni porqué es tan importante su caja, pero es el primer paso y seré breve. Todo empezó con una leyenda de la mitología griega, que cuenta como los dioses del olimpo se enojaron con un titán llamado Prometeo por robarles el fuego para regalárselo a los hombres, el castigo que decidió Zeus para este pobre titán fue que su hermano Epimeteo recibiría una compañera de vida. Crearon así a Pandora, una mujer que fue dotada de numerosos encantos y habilidades, como también de un regalo muy especial creado por Zeus, una caja muy bonita con incrustaciones de piedras preciosas que jamás debía ser abierta, en ninguna circunstancia. Lamentablemente, o no tanto, dentro de las características de Pandora se encontraba la curiosidad, la cual no le permitía dejar de pensar en su caja, y como era de esperarse, decidió abrirla. Para su sorpresa, en ella se encontraban todos los males que harían daño a los hombres; enfermedades, ira, vanidad, guerras, hambre, sufrimiento en general. En el fondo de la caja encontró también esperanza, que sería la razón para que la humanidad continuara a pesar de todo lo malo que pueda pasar. 

Está padre criticar a los griegos poderosos y sus acciones, pero a lo que voy con todo esto es a que nos demos cuenta de que todos poseemos una “caja de Pandora” en donde guardamos lo peor de nosotros mismos, todos nuestros males, tanto como los que nos han causado, como los que hemos causado a los demás. Los hacemos entrar ahí agresivamente, a la fuerza, por las malas, a golpes si se puede, la mayoría de lo que se encuentra ahí encerrado está roto, son pedazos, fragmentos que aún embonan o piezas que se perdieron con el paso del tiempo, porque nadie viene con instrucciones de como enfrentarse viéndose al espejo y mucho menos de cómo tratar de armarse de nuevo, nadie sabe dónde encontrar un pegamento que sea tan fuerte como para poder volver a unir lo que nos destrozaron, lo que se destrozó o lo que parece que está a punto de. 

Lo más curioso de la caja no es abrirla, si no saber cómo cargar ahora con todo lo que salió de ahí, algunos la abren premeditadamente, bajo condiciones específicas, quizás hasta eligen dónde, con quién y cuándo hacerlo, pero me atrevo a decir que la mayoría ni siquiera piensa en su existencia, la abren, o abrimos, sin querer, y no hay marcha atrás, solo queda encontrar la esperanza que también nos dijeron que venía dentro de ella.

 

#InPerfecto