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El arte de Gabriel Orozco en tiempos de pandemia: entre inauguraciones digitales y una nueva introspección

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No hubo una presentación formal ni interacción con sus seguidores. En cambio, Gabriel Orozco, uno de los artistas contemporáneos mexicanos más influyentes de la actualidad.

 

 

Reuters

No hubo una presentación formal ni interacción con sus seguidores. En cambio, Gabriel Orozco, uno de los artistas contemporáneos mexicanos más influyentes de la actualidad, promovió sus nuevas acuarelas de collage con un adelanto dramático, amigable con las pantallas.

Orozco creó varias docenas de obras mientras estaba en cuarentena en Japón anteriormente este año, pero supervisó su instalación en una galería de primer nivel de Manhattan de la forma en que millones de personas trabajan ahora: virtualmente.

Por primera vez para él, la colección, que además de las acuarelas contiene pinturas abstractas más grandes creadas la mayoría en México, debutó el mes pasado sin una deslumbrante inauguración pública.

Ni los admiradores ni los críticos tuvieron oportunidad de interactuar con el artista, conocido por transformar elementos ordinarios en manifestaciones poéticas desde principios de la década de 1990.

De esta forma, sus nuevas pinturas fueron publicitadas con un elegante video de adelanto, ambientado con música dramática.

Obligado a depender más que nunca de herramientas como Zoom y Skype en una variedad de proyectos actuales, el hijo del muralista mexicano de izquierdas Mario Orozco Rivera dice que ve una transformación evolutiva en la creatividad nacida de la convulsión por la pandemia global.

“Existe la oportunidad, probablemente, de que surja una nueva generación, una nueva forma de trabajar, una forma alternativa de vida para que todos sean reconsiderados”, dijo a Reuters, sentado en el exuberante patio de su casa en Ciudad de México.

Una hora antes, en cuclillas con un lápiz en la mano, discutía los toques finales de las esculturas de bloques que él llama “dados” con su colaborador, el cantero mexicano Juan Fraga, con quien se había encontrado cara a cara por primera vez en meses.

Antes de la pandemia, los dos se reunían cada dos semanas para refinar las capas de extravagantes diseños geométricos tallados en los bloques.

Orozco dijo que su arte, distribuido generosamente entre esculturas, lienzos, huesos humanos y de animales, instalaciones minimalistas y más, recibió un leve golpe por las restricciones de viaje y contacto personal.

“Como muchas personas, empiezo a sufrir este tipo de efecto psicológico de estar en la pantalla todo el tiempo”, dijo, algo que calificó de “muy distractor”.

En términos más generales, Orozco espera que surjan más cambios a partir de las interrupciones de la pandemia, aún cuando su impacto final en la creatividad y la inspiración no está claro todavía.

LANZAR LOS DADOS

El artista, de 58 años, considera que los mismos cambios que están alterando la forma en que las personas trabajan (menos contacto cara a cara y más tiempo frente a la pantalla) están dejando su huella en los museos y galerías de arte comercial que él conoce bien.

“En este nuevo mundo del arte, va a haber cada vez más, una dependencia de la distribución de la obra a través de los medios digitales”, pronosticó.

Al mismo tiempo, su último trabajo parece haber tomado un giro más introspectivo. Para sus nuevas acuarelas se permitió un capricho que no suele buscar, detalló.

“Psicológicamente (las pinturas) fueron interesantes porque se volvieron un poco neuróticas, apasionadas, casi terapéuticas, que es algo que no me gusta hacer en el arte”, dijo.

Orozco sostiene que el aislamiento social y la ansiedad que muchos sintieron durante los últimos meses ya está cambiando la forma en que creamos y nos comunicamos.

“La pandemia es un momento de colapso de la actividad que acelera la crisis que ya venía desde antes”, opinó, apenas unas horas antes de que se dispusiera a volar de regreso a su apartamento de Tokio.

El autor, que también ha pasado largas temporadas en Londres, París y Bali, afirmó que viajar menos había sido un alivio.

“Eso estuvo bien, en cierto modo, porque no está tan mal ir más despacio”, añadió Orozco, que estudió arte en México en la década de 1980 antes de partir hacia España, Brasil y Estados Unidos.

El año pasado, Orozco fue elegido por el presidente de México para supervisar una remodelación y expansión de más de 400 millones de dólares del Bosque de Chapultepec de Ciudad de México, un plan que, según él, se centrará en la restauración ecológica y la interconexión social del extenso parque urbano.

Rodeado de mapas desplegados en mesas y modelos tridimensionales del parque, anticipó que espera terminar el plan maestro en diciembre, pero ha pospuesto todos los demás proyectos hasta 2022.

“No tiene que ver tanto con diseño artístico, como con diseño medioambiental”, explicó.

Y ofreció un recomendación personal para encarar las consecuencias de la pandemia.

“No planeo mucho por adelantado”.

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