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El jazz lucha por sobrevivir en una Ciudad de México bajo la pandemia

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“Uno puede vivir sin muchas cosas pero sin arte no se puedo vivir, eso es más claro que nunca ahora en la pandemia. Cuando uno está encerrado en casa tiene que leer, ver películas, oír música…”

 

 

 

EFE

Son muchos los sectores que se han visto en riesgo debido a la pandemia de coronavirus. La música en directo fue suprimida prácticamente en su totalidad y el jazz, un género que históricamente ha sido relegado a espacios pequeños e íntimos, lucha por sobrevivir en espacios como Ciudad de México, que atraviesa un aparente regreso a la normalidad.

“Uno puede vivir sin muchas cosas pero sin arte no se puedo vivir, eso es más claro que nunca ahora en la pandemia. Cuando uno está encerrado en casa tiene que leer, ver películas, oír música… El arte siempre ha acompañado a las personas en sus momentos más difíciles y de penurias”, explicó a Efe Ernesto Zeivy, dueño del Zinco Jazz Club.

El Zinco, ubicado en el centro histórico de la capital mexicana, cuenta con 15 años de historia que lo posicionaron como uno de los locales dedicados a este género más relevantes de la ciudad.

La cuarentena supuso para ellos una supresión total de ingresos ya que incluso desde antes de que la autoridad decretara el fin de actividades multitudinarias como los conciertos, el Zinco cerró sus puertas ante lo que, pensaron, serían unas semanas o pocos meses complicados.

“Todo el mundo pensó que iba a durar unas semanas o dos o tres meses, pero ya vemos que va a ser más de un año. Esto nos enfrentó a una situación durísima, sobre todo a negocios que se dedican a eventos en vivo, a la danza, a la música…”, comentó Zeivy.

Los fallecimientos por COVID-19 en México ya son 73.493 desde que inició la pandemia, que provocó su primer muerto en marzo de este año y paró desde ese momento gran parte de la actividad económica en el país latinoamericano.

Y el jazz, a pesar de haberse mantenido en el tiempo y con un público muy fiel, por unos motivos o por otros, no ha gozado nunca de una gran publicidad o difusión, por lo que es habitual para este tipo de locales pasar por etapas complejas.

Por esto y por circunstancias varias, no es la primera vez que el Zinco lo pasa mal, explicó el dueño del club mientras recordó algunos de los problemas que superaron en el pasado, pero consideró que, a pesar de todo, no tiene dudas de que lograrán sobrevivir.

Y en esto trabajaron ofreciendo conciertos en línea durante la pandemia, subiéndose al carro de lo digital, y ahora están realizando un ciclo de conciertos y reabriendo sus puertas tres días a la semana con el 30 % del aforo -40 personas-.

“Los conciertos ‘online’ para recaudar fueron algo muy exitoso y significó mucho para los jazzistas y para el lugar, porque abrió una ventana al jazz en México y dio un respiro al Zinco. La reapertura está siendo muy estratégica: tenemos que pensar muy bien la programación y la comunicación para poder llenar los 40 lugares y no perder más dinero”, concretó a Efe Ilse Rodarte, encargada del programa del club.

 

UN ATISBO DE LUZ

Después de algunas semanas de reactivación, el pasado sábado el Zinco estuvo lleno -dentro del límite de aforo permitido- por un público muy activo que se veía ansioso por volver a escuchar música en directo, algo que tal vez muchos hicieron hace más de medio año sin pensar que podría ser la última ocasión durante muchos meses.

Los protagonistas de la noche fueron Tarab, un nuevo dúo formado por los músicos Alex Serhan y Gilberto Chong, que refleja el espíritu de lo que están buscando ahora en el Zinco: comenzar a mover de nuevo la rueda de la música en directo en la capital con agrupaciones pequeñas y mexicanas que han sufrido un gran parón con la pandemia.

Serhan se mostró positivo y coincidió con Zeivy en que tanto el Zinco en concreto como el jazz en directo en general lograrán sobrevivir a este duro golpe y agregó que hasta puede tener consecuencias positivas a la larga.

“Va a haber muchas cosas beneficiosas para la música. Con respecto a la necesidad humana… Es algo importante, la función del arte en la sociedad, porque es el refugio donde uno va y deslava los traumas, enfrenta cosas y tiene un espejo”, expresó el cantante, quien ya realizó un autoconcierto que le resultó extraño por alejarse de la cercanía con el público habitual en el jazz.

Y es por eso que tanto él como su compañero Chong se sienten agradecidos con locales que, como el Zinco, están luchando contra viento y marea para devolverle la música no solo a los melómanos, sino también a los artistas y a todo el equipo técnico que logra aportar un respiro de aire fresco en una época tan convulsa.

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