Editorial

LOS SAGRADOS ALIMENTOS.

#InPerfecciones
Conceptualmente sentarse a comer arroz, frijoles y tortillas representa para muchos mexicanos pobreza.

 

 

Carlos Rosas Cancino / @CarlosRosas_C
carlos.rc@inperfecto.com.mx

 

En México estamos muy orgullosos de ser muy bastos en la mesa, sin duda la hora de los sagrados alimentos le da un valor agregado a la personalidad del país, esta característica tiene una raíz muy profunda que incluso nos ha dado fama internacional. La tradición culinaria que el mundo le celebra a México cada que es posible nos remite al concepto de abundancia, y claro está que atentar contra esa idea o utilizar el tema como instrumento de la burla equivale a irrespetar la honorabilidad de las mesas nacionales.

 

En términos de lo que se sirve a la hora de comer los mexicanos podemos tener la piel muy delgadita si se desdeña la especialidad de la abuela o la añeja receta de la bisabuela, incluso tenemos frases que desde pequeños nos inculcan para probar de todo con el clásico “te comes todo lo que te sirvan” cuando estamos de visita en casa ajena. Lo cierto es que a pesar del tremendo avance de la comida “gourmet”, seguimos gustando de tradicionales preparaciones que se acompañan de frijol, maíz, arroz, papa, etc. pero eso si, mucho cuidado con sugerir que la dieta nacional se base solo en frijol y arroz, sobre todo si esta proviene del Presidente, y peor aún cuando se utiliza como parte de un discurso político de una tendencia nacionalista que busca apuntalar el discurso propagandístico de una ideología.

 

El tema no radica en que el presidente haya declarado que “no se trata de comer cosas exóticas, extravagantes, caras, ¡no! Se trata de recuperar en mucho lo que es la comida tradicional, está el arroz, el frijol, el maíz”, en lo que radica el tema es que esos alimentos tradicionales por supuesto que se consumen en México, por supuesto que forman parte de la dieta del ciudadano que no tiene acceso a esa comida exótica, extravagante y cara a la que si tienen acceso el Presidente, los Diputados, los Senadores, y toda esa runfla de personajes que se llenan el buche con demagogia. 

 

Si el Presidente habla de recuperar la comida tradicional en México, lo más probable es que tampoco tenga el pulso de lo que come el país del que dice ser mandatario, y que para efectos de imagen tiene un mensaje entre líneas que habla de una precariedad que comienza a sentirse con fuerza en la mesa de los mexicanos.

 

Si López Obrador quiere hablar de comida tradicional está bien, pero ante una severa crisis económica tocar la fibra sensible de los alimentos para ideológicamente recortar el apetito nacional, ni es una buena señal ni es un mensaje muy halagüeño para los millones de ciudadanos que han perdido su fuente de ingresos ya que podemos dudar que el Presidente haga su despensa con los 200 pesos que siempre dice traer en la cartera.

 

Conceptualmente sentarse a comer arroz, frijoles y tortillas representa para muchos mexicanos pobreza, y es cierto que ante el hambre pocos desdeñarían ese platillo, sin embargo, una mesa vacía contribuye a un desánimo y enojo generalizado, una mesa vacía representa incertidumbre para muchas familias, una mesa vacía no la vamos a ver en el palacio del Presidente y de su 4T.         

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