Ciudad de México

Casa Paola Buenrostro, un refugio para la recuperación de personas trans

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Desde que presenció el transfeminicidio de su amiga Paola Buenrostro el 30 de septiembre de 2016, Kenya Cuevas no ha vivido un duelo.

 

 

Notimex
Por Roxana Romero

Desde que presenció el transfeminicidio de su amiga Paola Buenrostro el 30 de septiembre de 2016, Kenya Cuevas no ha vivido un duelo. Siente que tiene tantas emociones guardadas que en ocasiones por su cabeza pasa el desistir.

Pero también tiene claro su activismo y lo que quiere en esta vida: seguir defendiendo a la población trans que ha sido sistemática e históricamente violentada. Siente orgullo de haber abierto las puertas del primer albergue para esta población en México, pero también lamenta que ha sido a causa de las vidas perdidas.

“Yo no tengo un soporte emocional. Yo no tengo con quién curarme. Yo me voy con todo a la cama. Al otro día vuelvo a limpiarme, a decir: no pasa nada, un día nuevo, cosas nuevas, pero todo aquí queda, en el corazón, aquí dentro de mí. Me siento bonito, pero todo fue a costa de muchas muertes”.

“La muerte de mi amiga, yo creo que eso nada más yo lo entiendo. Yo sé que es mucho (lo que ha logrado), son cosas buenas, son puertas, pero no saben lo que me costó perder para poder llegar a hacer todo eso”, reflexiona.

Kenya se ha convertido en la “madre” de las 13 mujeres trans que se quedaron sin techo y acogió en la Casa Hogar “Paola Buenrostro” desde el 1 de abril ante el confinamiento por Covid-19. Pero no solo allí le llaman “madre”, quien la encuentre en la calle se refiere a ella de esa manera. Eso la motiva a seguir.

“Me motiva el amor de las hijas. Así como para una madre su motor son sus hijos, para mí ellas llegaron a ser mi motor: mis hijas. Todas me dicen madre aquí y en la calle”, platica la directora de la asociación civil Casa de las Muñecas Tiresias.

En el albergue hay que enseñarles desde hábitos de higiene hasta “inyectarles” la motivación para que recuperen sus sueños. Con el término de la cuarentena, empezará el proceso que originalmente se tenía previsto para esta casa hogar. Quienes decidan quedarse, deben firmar una carta responsiva para permanecer en el lugar durante un año.

El acompañamiento será integral. Deberán llenar formatos en los que pondrán información de identidad y números de contacto por alguna situación de riesgo. Quien acepte ingresar al lugar, que tiene capacidad para 27 personas, también se compromete a realizar todas las actividades y cumplir con todas las reglas de la casa.

Durante los tres primeros días se dará descanso total. Después vendrá el apoyo psicológico y el diagnóstico de salud.También comenzará el proceso para emitir sus documentos. A través del Instituto Nacional de Educación para Adultos (INEA) iniciarán su certificación de primaria, secundaria o preparatoria, según sea el caso, y planearán su proyecto de vida.

“A lo mejor alguna de ellas dice que quiere ser doctora, entonces nos vamos a enfocar más en la educación, porque se tienen que certificar; a lo mejor otra dice: a mí nada más me interesa aprender a poner uñas y de eso vivir, entonces sí certificamos primaria, secundaria y prepa, que es lo básico, pero también dirigirla en esos talleres”, explica Kenya.

Una vez clara su rutina, se canalizarán a la Secretaría del Trabajo, para que consigan empleo. Cuando tengan un empleo base, el dinero que ganen será resguardado en la Casa, pues ellas no tendrán que invertir en nada, la asociación les apoyará con dinero para pasaje y comida.

“Cuando tengan su año, tendrán cierta cantidad ahorrada, ciertas certificaciones y algún aprendizaje de un curso dirigido a la actividad económica. Terminando eso empezamos a acompañar para que vaya buscando un cuarto o departamento con su propio dinero ahorrado”, detalla la activista.

La asociación servirá como aval, pero la persona pondrá el dinero para la renta y depósito. El seguimiento se hará durante un año después de que egresen de la casa, para que no se sientan abandonadas después del proceso.

Kenya confía en su proyecto. Aunque ha sentido ganas de llorar, de quebrarse cuando ha velado a las 26 mujeres trans que han sido asesinadas y de las cuales ella ha rescatado los cuerpos, no se lo permite. Piensa que no podrá controlar sus emociones, entonces se restringe.

“Me restrinjo en decir: no lloro, no sufro, hasta que pase todo esto, hasta que tenga bien acondicionado, un equipo de trabajo bien fundado, hasta que, al menos una de ellas me diga que es doctora u otra profesión, ahora sí me desapareceré un mes para vivir mi duelo”, comparte.

No sabe cuánto tiempo le llevará el duelo, pero sabe que quiere ir a sanar a la playa porque siente que tiene una conexión fuerte con la naturaleza. Quiere sentir que el mar y los árboles la sanan.

“Yo lo que quiero es irme un mes, llorar, recordar, voltear pa’tras porque yo no volteo pa’tras, yo lo que hice ayer ya no lo veo, yo voy para adelante”.

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