Editorial

Las Estrategias Que Usa El Machismo Para Ejercer Su Violencia (parte 2)

#InPerfecciones
Se le ha prohibido a la mujer usar un poder que tiene todo ser humano: el poder de decir “no”. Piénsalo por un instante: que un hombre se enfade es algo normal, incluso bien visto.

 

 

Theo Laurendon
theolaurendon@inperfecto.com.mx 

 

 

Se le ha prohibido a la mujer usar un poder que tiene todo ser humano: el poder de decir “no”. Piénsalo por un instante: que un hombre se enfade es algo normal, incluso bien visto. Porque significa que le importa proteger sus cosas, su vida, que tiene “fuerza de carácter” y es un “luchador”. Pero que una mujer se enfade está mal visto. Enseguida se le dice que esta “histérica”, que “exagera”, que es “demasiado emocional”. Pero si un hombre lo hace se le entiende…

Aquí tenemos un grave problema: y es que el enfado es una emoción muy valiosa para poner límites y protegernos. De hecho es su función: es un mensaje que recibimos y que nos informa que las cosas no nos parecen estar como tendrían que ser. Que hay peligro, injusticia, que tenemos que protegernos. Y por eso recibimos una gran cantidad de energía en el cuerpo para poder cambiar la situación: la respiración se acelera, el ritmo cardiaco también, los músculos se contraen y ya estamos listo para defendernos. Hasta cerramos los puños para estar listos para golpear si hace falta.


El enfado puede ser injusto y hasta peligroso si lo sentimos por puro capricho (quieres lograr una meta y la vida te lo impide, la gente no hace lo que a ti te gustaria que hagan etc.) pero muchas veces nos puede salvar la vida.
Porque lleva consigo mismo un gran mensaje: ¡“NO”!
Permite poner límites. Permite decir el otro: yo me respeto, esto es mi espacio de libertad y si me invades entonces vamos a tener un problema. 

Pero como se le ha inculcado a la mujer desde niña que tiene que reprimir su enfado…entonces se le ha quitado un poderoso sistema de protección.
Hay mujeres que están golpeados por su marido y que siguen sufriendo simplemente porque no se saben enfadar. Pues si alguien sabe enfadarse, se va. La rabia (junto con el miedo y el amor y respeto hacia uno mismo) protege.
El enfado puede a veces ser una sana expresión del respeto hacia nosotros mismos que todos nos merecemos. Siempre que este equilibrado, es decir que no se convierta en odio y que vaya acompañado de este cariño y tranquilidad interior que aparece cuando nos respetamos a nosotros mismos.

 


Y ahora un pregunta que es fundamental….que abre camino…y que libera…

¿Cómo puede ser feliz y libre la mujer si nace en una cultura que le exige que se encargue de los demás pero le prohíbe implícitamente que ella diga “no”¨ y se pueda responsabilizar de su propia vida, que pueda cuidarse y escucharse?


A modo de introducción (pues es un tema muy complejo y cada caso es distinto) podríamos hablar hoy de tres pasos.

1) Quitándose la culpa que siente inconscientemente cada vez que se cuida, que piensa en ella, en su necesidades, anhelos, sueños. 

 

El primer paso es darse cuenta de esa culpa, que está ahí, escondida.
El segundo es usar frases tales como “me dejo el permiso de pensar en mi” o “yo puedo hacerlo sola sin la ayuda de un hombre”.
El tercero es actuar en este sentido.

 

2) Dándote permiso para enfadarte cuando ves que es justo y necesario.

El enfado, al igual que cualquier emoción, es un mensaje que recibes. Te quiere ayudar. Tienes que escucharlo…tal vez no hagas lo que te dice de hacer pero por lo menos escúchalo. Ya después podrás tomar una decisión. Respétate…no dejes que los demás se aprovechen de ti. Tampoco les odies, ni déjales que manchen tu corazón…pero si pon limites firmemente si ves te lo mereces. Porque si lo vales. Tu enfado te quiere ver respetar tu libertad y dignidad. Te quiere ver libre.

 

3) Cultivando pensamientos y actitudes de amor, libertad y respeto hacia uno mismo. Hablarse de vez en cuando como hablaríamos a nuestro mejor amigo o amiga…para ir dejando caer las hojas marchitas de la culpa que impiden que podamos tener una primavera interior.

Y nunca hay que olvidar que en caso de ser víctima de violencia física de género (y estar en peligro físico) es altamente aconsejable pedir ayuda a un psicólogo o acudir a un instituto especializado (centro de atención para la mujer, instituto para las mujeres) etc.

 

 

#InPerfecto

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