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FELIPE MUÑOZ “EL TIBIO”

1968, EN LA MEMORIA DE MÉXICO

FELIPE MUÑOZ “EL TIBIO”

 

Eduardo Morales

dorado.deportes@inperfecto.com.mx

 

Saludándoles nuevamente, es un placer traerles otra historia deportiva referente a aquel inolvidable 1968, la semana pasada les hable de Bob Beamon o antes la hermosísima Vera Caslavska pero así como ella, Mexico buscaba un Ídolo, algún deportista que diera la sorpresa, a su Leyenda propia, a ese deportista que los hiciera vibrar de emoción… El destino había puesto, 17 años atrás a Felipe `Tibio’ Muñoz, conocido así porque su padre Felipe era de Aguascalientes y su madre Areti de Río Frio por lo que en sus venas corría la sangre tibia.

 

Este sorprendente nadador sacó la garra azteca y desplazando miradas de críticos ante la fluidez del agua, superó y derrotó a los mejores “pechistas”, según cuentan los periódicos de aquél año, la historia del nadador que sorprendió a México en 1968 y salpicó de esperanza al deporte mexicano.

 

“Yo era muy inquieto, muy travieso. Y me encantaba todo lo que implicara competencia: futbol, béisbol, basquet, tocho, canicas, trompo, balero. A todo le entraba. A juegos y a deportes. Incluso, me gustaba más practicar el deporte con los muchachos más grandes que con los más pequeños, porque así me obligaba a un esfuerzo extra”, comentaba el Tibio.

 

A los 12 años, se dice que; junto con sus hermanos menores, asistió a la alberca del club Vanguardia, donde Arturo Rivera lo descubriría y lo llevaría a su primera competencia y representar al club en una prueba de 25 metros. Durante ese evento, estuvo presente el presidente de Estados Unidos: John F. Keneddy y fue en ese momento en el que “decidí comenzar a nadar más en serio; decidí, de hecho, comenzar una carrera en la natación”.

 

Tan sólo tres años después y al no haber logrado formar parte del equipo del Distrito Federal que iría a Austin, Texas, a enfrentar a la selección local, el “Tibio” se fue a la Unidad Morelos, donde Nelson Vargas fue su entrenador y formó parte esencial de sus entrenamientos diarios durante algunos años, junto con un tal Ronald Johnson.

Tras largos entrenamientos y jornadas agotadoras de entrenamiento, Johnson tenía claro quién sería su candidato para la competencia de 200 metros pecho. La perseverancia y esfuerzo de Muñoz lograron que, en el momento en el que se enfrentaron al equipo interno del otro entrenador de la unidad, ganara y diera Ronald el título de entrenador nacional y abriera el camino para los Juegos Olímpicos de 1968.

 

Con 17 años de edad, 10 días transcurridos en la competencia, medallas ganadas para México y a minutos de salir a competir en los Juegos Olimpicos, su entrenador le recuerda que; “Kossinki es muy veloz, más que tú, y se va a ir muy rápido desde el inicio, pero no tiene la consistencia que tú tienes y esa es tu arma fuerte. En los últimos metros, muérete dando todo, llega a la meta sin un gramo de energía”.

Como si la presión de competir en su propio país no fuera suficiente, la competencia de 200 metros pecho tenía a su favorito: el soviético Vladimir Kosinky, el campeón anterior con un récord de 2’27’4. Muñoz no sólo le dejó lugar en el segundo podio sino que también rompió su récord con 2 minutos 28 segundos y 7 décimas. Mis respetos!

 

Enfrentarse a Kosinsky, al estadounidense Brian Job y al alemán Egon Henninger no fue una tarea sencilla. Durante los primeros 100 metros se posicionó en el cuarto lugar; sin embargo, en el cierre apretó el paso y dejó atrás a Job y a Henninger, logrando hasta los 10 metros antes del final pasar al estadounidense y hacer sonar el himno mexicano ante 18 mil personas durante la premiación en la albera olímpica de Churubusco, si, efectivamente; LA LOCURA!!

 

“Persiguió frenéticamente a 4 de los mejores pechistas del universo, ¡los alcanzó y derrotó!”  aquel 23 de octubre de 1968, el triunfo de este mexicano y la hazaña de la segunda medalla de oro para Latinoamérica en natación en 36 años. (En 1932 en Los Ángeles, Alberto Zorrilla, de Argentina, ganó la medalla de oro en los 400 metros libres)

 

El “Tibio” Muñoz siguió con su carrera de nadador en los Juegos Olímpicos de Munich 72, donde finalizó en cuarto lugar durante la competencia de 200 metros pecho. Dos años más fueron suficientes para que el mexicano decidiera hacer su retiro con dos preseas de oro y una de plata en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, disputados en Santo Domingo.

 

En 1975 se graduó como Licenciado en Comunicación, Administración y Publicidad en la Universidad de Texas, Estados Unidos y 11 años después, a la par de dirigir la Confederación Deportiva Mexicana (CODEME), fue designado Jefe de Misión de la Delegación Mexicana que acudió a los Juegos Olímpicos Atlanta 96, en Sydney 2000 y en Atenas 2004.

Su nombre pasó a ser inmortal en 1991 ya que formó parte del Salón de la Fama Internacional de Natación, museo donde se encuentran los nombres de las personalidades deportivas más distinguidas en la historia de la natación.

 

En 2001 finalizó su labor en la CODEME y fue nombrado presidente del Comité Olímpico Mexicano, organismo que dirigió hasta 2012. Se dedicó al periodismo, a la asesoría deportiva y a la política; fungió como Coordinador Nacional del Deporte en el PRI y en 2012 regresó a San Lázaro como diputado plurinominal que en realidad ya este aspecto es otra historia.

 

“Yo tenía sólo 17 años cuando viví mi gran momento, pero ya había una historia detrás. Y esos instantes valen una vida. Porque, finalmente, el triunfo no es sólo de uno, sino de la familia, de tus amigos, de tus compañeros y sobre todo, de tu país: de México”,  – El “Tibio” Muñoz.

 

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